Curry vindaloo de carne de cerdo picante

Ya saben cuanto me pirran las especias y el picante y como en este plato se combinan ambas cosas, más feliz que una perdiz, los ojos me hacían chiribitas mientras lo saboreaba.

Siempre digo que este blog tenía que haberse llamado "doña especias" , "doña guindilla" o una combinación de ambos títulos, todo se andará.

No concibo la cocina sin especias, no sé cuantas variedades puedo llegar a tener almacenadas y desde que descubro una nueva, allá que me voy a buscarla. En cuanto al picante, me pasa igual, me apasionan las guindillas y los chiles. Este curry para mí tiene la cantidad ideal, ni excesivo ni suave, por supuesto cada uno puede adaptarlo a su paladar ajustando las guindillas y la pimienta, pero el curry vindaloo por norma es un curry picante.

Es la primera vez que hago un curry con carne de cerdo y el resultado ha sido una maravilla, muy sencillo de hacer y tan aromático y sabroso que querrán repetirlo en más de una ocasión.
Para acompañar este curry hemos hecho un arroz basmati al limón que le va como anillo al dedo.

Ambas recetas las he sacado de un librito de cocina hindú que lleva muchos años conmigo y hasta ahora todas las que he preparado no fallan.

Si no tienen en casa todas las especias, no importa, improvisen y usen las que tienen, el resultado no será el mismo, pero les seguro que quedará riquísimo.

¡¡Vamos con la receta!!

Ingredientes para dos personas:

Para el curry vindaloo:
  • 500 gr de carne de cerdo troceada
  • 2 guindillas rojas
  • 1 cucharada de semillas de cilantro
  • 1 cucharadita de semillas de comino
  • 1 cucharadita de pimienta negra en grano
  • 1/2 cucharadita de semillas de mostaza
  • 1 clavo de olor
  • 1/2 rama de canela
  • 1/2 cucharada de pasta de tamarindo
  • 1/2 cebolla mediana rallada
  • 1 cucharadita de ajo triturado
  • 1 cebolla grande cortada en aros
  • 3 cucharadas de aceite
  • 2 vainas de cardamomo
  • 1 cucharadita de jengibre fresco rallado
  • 2 hojas de laurel
  • 1/2 taza de yogurt natural
  • Sal gruesa
Para el arroz basmati al limón:
  • 1 taza de arroz basmati
  • 1 3/4 taza de agua
  • 3/4 cucharadita de cúrcuma
  • 2 cucharadas de leche de coco
  • 2 cucharadas de coco rallado seco
  • 2 cucharadas de anacardos o almendras tostadas y picadas
  • 4 hojas de curry
  • 1/3 cucharadita de semillas de mostaza
  • 1 guindilla verde
  • Aceite
  • Zumo de 1 limón
  • Sal gruesa
Tendremos la carne de cerdo cortada en dados de unos 3 cm y la ponemos en un bol.

Para elaborar la pasta vindaloo, tostamos en una sartén sin aceite las guindillas enteras, las semillas de cilantro, las semillas de comino, los granos de pimienta y las semillas de mostazas. Sin parar de remover las tostaremos hasta que adquieran un tono marrón oscuro y desprendan todo su aroma.
Las pasamos a un mortero y añadimos el clavo de olor y la rama de canela. Machacamos hasta obtener un polvo fino.

A continuación, mezclamos las especias molidas con la pasta de tamarindo, la cebolla rallada y el ajo triturado formando una pasta.

Mezclamos la pasta obtenida con la carne de cerdo. Cubrimos con film transparente y dejamos macerar al menos un par de horas, aunque mejor si es de un día para otro, removiendo la carne de vez en cuando para que quede bien impregnada.

Rehogamos los aros de cebolla con el aceite en un caldero plano, a fuego medio, hasta que estén bien dorados, con cuidado de no quemarla. Añadimos las vainas de cardamomo, el jengibre, el laurel y salteamos unos segundos.

Subimos el fuego al máximo e incorporamos la carne, salteamos unos segundos para sellarla y tome un poco de color.
Bajamos el fuego a la mitad, agregamos el yogurt (no debe hervir porque se cortaría), integramos con el resto y dejamos cocer unos minutos. Añadimos agua sin llegar a cubrir la carne, tapamos y dejamos cocer una hora.

Pasado este tiempo, destapamos y seguimos cocinando hasta que la carne esté bien tierna y la salsa se haya espesado. En este momento es cuando lo pruebo y añado sal en la cantidad necesaria.

Mientras se cocina la carne, preparamos el arroz.

Ponemos el arroz en un bol, lo lavamos con agua fría y escurrimos, repetimos un par de veces hasta que el agua esté clara. Volvemos a poner agua fría en el bol hasta cubrir el arroz, lo dejamos reposar unos 15 minutos y volvemos a escurrir. De esta manera perderá el almidón, pero también hay que tener en cuenta que una vez lavado, el arroz se vuelve muy frágil por lo que se deberá manipular con cuidado durante este proceso para no romper los granos antes de la cocción.
Ponemos un caldero a fuego alto. Añadimos el arroz, el agua, la cúrcuma y un poco de sal. Una vez rompa a hervir, bajamos el fuego, tapamos y dejamos cocer unos 12 minutos.

En un bol pequeño mezclamos el coco rallado con la leche de coco, para que se vaya hidratando.

Tostamos los frutos secos, las hojas de curry, la guindilla y las semillas de mostaza en una sartén pequeña con un poco de aceite, a fuego medio-bajo, hasta que las semillas de mostaza empiecen a reventar.

Antes de que se haya consumido el agua del arroz, agregamos las especias y los frutos secos junto con el coco que tenemos reservado y el zumo de limón. Distribuimos con mucho cuidado para no remover en exceso el arroz.

Tapamos y dejamos cocinar hasta que se haya evaporado toda el agua.
Retiramos del fuego, quitamos la tapa y cubrimos con un paño.

Una vez que esté seco, con ayuda de un tenedor lo soltamos, sin remover en exceso.

Probamos y añadimos un chorrito de zumo de limón si es necesario. Servimos acompañado de unas rodajas de limón.

Casi saldrán a la par los dos platos, así que solo nos queda poner la mesa y degustar estos manjares tan exquisitos.

Les adelanto que les pasará como a mi, no pararán de decir lo rico que ha quedado todo.

¡¡Estos platos permanecerán en tu recuerdo durante mucho tiempo!!

¡¡A disfrutarlos!!

Lasaña vegetal con champiñones

Esta lasaña está para ponerle un piso o dos. Es enteramente a base de vegetales y champiñones, capa sobre capa de rica verdura. Al contrario que la lasaña de berenjenas y albahaca que hice hace poco que llevaba placas de pasta, esta que les traigo hoy no las lleva y ni se echan de menos.

La combinación de estos vegetales es una ricura y no tiene mucha ciencia. Es de lo más sencilla y queda de lo más resultona.

Ya saben que yo no tomo queso y pensarán que queda sosa, pero les aseguro que no, para nada, a mi juicio queda estupenda, muy sabrosa y de paso esas calorías que me quito.

Si por algún motivo no pueden tomar queso o no les gusta como a mí, pueden prescindir de él y si alguien no puede tomar leche, intenten hacer la bechamel con leche sin lactosa, les quedará de rechupete.
Por supuesto, como siempre digo, los amantes del queso añadan el que más les guste y en las cantidades que consideren oportunas.

¡¡Vamos con la receta!!

Ingredientes para dos personas:
  • 1 berenjena grande o 2 medianas
  • 2 calabacines
  • 1 cebolla grande
  • 2 tomates grandes y maduros
  • 200 gr de champiñones frescos
  • 2 dientes de ajo
  • Sal
  • Pimienta negra recién molida
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Orégano
  • Bechamel
  • Queso (opcional)
Vamos a necesitar dos fuentes, en mi caso de cristal, de 17 x 21 cm. Si son más pequeñas no importa, al contrario, les quedará la lasaña más alta.

Lavamos toda la verdura.

Quitamos los extremos a la berenjena y con un pelador de papas la pelamos en sentido vertical para quitar parte de la piel, alternando, dejando una tira de piel y otra no. Son manías mías, no pongo toda la piel nunca. La cortamos longitudinalmente, en lonchas, ni muy gruesas ni transparentes, un término medio. Las doramos en una sartén con una pizca de aceite, unos dos minutos por cada lado. Pasamos a un plato, le agregamos unas escamas de sal, un poco de pimienta negra recién rallada y reservamos.
Cortamos los dos extremos del calabacín. Con un pelador de papas, cortamos longitudinalmente en tiras y doramos en una sartén con una pizca de aceite, unos segundos por cada lado. Pasamos a un plato, le agregamos unas escamas de sal, un poco de pimienta negra recién rallada y reservamos.

Cortamos la cebolla y el tomate en rodajas. Doramos en una sartén con un pizco de aceite, unos segundos por cada lado. Pasamos a un plato, le agregamos unas escamas de sal y reservamos.

Por último, cortamos los dientes de ajo en láminas y doramos junto con los champiñones, unos segundos por cada lado. Pasamos a un plato, le agregamos unas escamas de sal, un poco de pimienta negra recién rallada y reservamos.
Preparamos la bechamel tal y como indico en el enlace que tienen en la lista de ingredientes a la que agregaremos un poco de orégano seco al final. El punto de la bechamel tengan en cuenta que no la queremos tan espesa como para croquetas y que una vez fría espesa más todavía.

Precalentamos el horno a 180º.

Solo nos queda montar nuestras lasañas. Disponemos los recipientes aptos para horno uno al lado del otro. Suelo hacerlo así para que las dos lasañas lleven la misma proporción de ingredientes y la bechamel de la segunda no esté muy espesa cuando le llegue el turno.
Ponemos un poquito de aceite en el fondo de las fuentes y distribuimos con una brocha de silicona. Intercalamos capas de verdura, bechamel, verdura y terminamos cubriendo con bechamel, un poco de orégano seco o fresco y unas gotas de aceite.

Quien vaya a tomarla con queso, espolvorear la superficie con parmesano rallado.

Ponemos nuestras fuentes sobre la rejilla del horno, posición central y horneamos unos diez minutos o hasta que veamos que se ha dorado la superficie de la lasaña. Si es necesario pondremos el grill un par de minutos para que se dore, pero sin quitarle el ojo.
Y lista para hincarle el diente, eso sí, con cuidado de no quemarnos, porque está tan rica que no podrás esperar a que se enfríe.

¡¡Queda de relujo!! ¡¡Repetiremos seguro!!

!!A disfrutarla!!

Bundt cake de nueces pacanas y ron

¡¡Otro bundt cake para la colección, porque esta ricura se queda en casa para repetir!! No me canso de este tipo de bizcochos, sean de lo que sean siempre quedan de lujo y según pasan los días están mejor si cabe.

En esta ocasión les traigo un bundt cake con una textura densa a la vez que jugosa, muy aromático, con nueces de pecán y un toque de ron que le aporta un sabor especial.

Hay varias recetas con estas nueces en el blog, pero nunca he hablado de ellas con detenimiento, por lo que hoy les cuento algunas cositas sobre este fruto seco.

La pacana es el fruto de un nogal pacanero, pacano o pecán, originario del sudeste de Estados Unidos y México. Es muy similar a la nuez común y se la conoce como nuez americana por su origen. También es muy común llamarla nuez pecana o nuez de pecán. Además, recibe otros nombres más curiosos como nuez de Ilinois, nuez encarcelada, etc...

Al igual que la nuez común, se consume fresca, en postres o helados y también en cocina y en panadería. También se asemeja en sus propiedades, con un alto valor nutricional por su contenido en omega 3 y 9 y una fuente importante de proteínas. Aunque las nueces son bastante calóricas, tienen un alto contenido en ácidos grasos saludables, sobre todo en ácidos grasos monoinsaturados, por lo que son ideales para disminuir el colesterol. Además, son buenas para el corazón, para la circulación, para la hipertensión, para la piel, etc. Por todas sus propiedades, se aconseja tomar nueces a diario, pero como siempre digo, todo con moderación, con cuatro o cinco nueces al día es suficiente.
En cuanto a la apariencia, esta nuez es diferente a simple vista. La cáscara es alargada, lisa y muy frágil, por lo que no se aconseja romperla con un cascanueces porque se destrozaría el fruto, lo ideal es romperla con un martillo pequeño de cocina.

El fruto también es frágil, leñoso, crujiente, con un sabor muy agradable y cubierto con una piel fina de color marrón. Su sabor recuerda a la nuez, pero más suave, con un punto astringente; tiene un sabor particular que la hace única y deja su huella en cualquier preparación. Si pueden conseguirlas y sin menospreciar a la nuez común, que me encanta, no las sustituyan, verán qué diferencia.

Para el bizcocho, he vuelto a utilizar una receta de Bea, nunca fallan. Solamente he omitido las pepitas de chocolate, para no que no predominaran sobre las nueces y he añadido ron, porque a mi gusto casa genial con las nueces y le aporta un sabor delicioso.

Si no consiguen el buttermilk, les dejo el enlace para hacerlo casero. Queda de maravilla y de paso obtienen una mantequilla estupenda a la que pueden añadir los ingredientes que más les guste.

No pueden perderse este bizcocho. Desde el momento que está en el horno, el olor que desprende es una maravilla, inundará tu cocina y estarás deseando que se enfríe para hincarle el diente.
Fuente: El Rincón de Bea

Ingredientes para un molde de 9 tazas:
  • 250 gr de mantequilla
  • 250 gr de azúcar
  • 4 huevos L
  • 360 gr de harina simple
  • 2 cucharaditas de polvo de hornear (tipo Royal)
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 125 gr de buttermilk casero
  • 60 ml de ron
  • 1 cucharadita de pasta de vainilla o 1 cucharada de extracto de vainilla
  • 100 gr de nueces pecanas o normales
Como siempre, tendremos todos los ingredientes fríos a temperatura ambiente. Recuerden que si se les olvida sacarlos con antelación, siempre pueden cortar la mantequilla en trozos muy pequeños (ver nota sobre la mantequilla al final) e introducir los huevos en agua templada unos diez minutos y se acortará el tiempo de espera.
Precalentamos el horno a 175º, calor arriba y abajo y colocamos la rejilla en la posición central.

Engrasamos el molde con mantequilla derretida o spray desmoldante, la distribuimos con ayuda de una brocha y con movimientos ascendentes.

Para ir más rápido cuando empecemos a batir, pesamos y medimos todos los ingredientes Los disponemos en la encimera por el orden en que vamos a incorporarlos.

Tamizamos la harina con el polvo de hornear y la sal, mezclamos con unas varillas y reservamos.

Mezclamos el buttermilk con el ron, removemos y reservamos.

Batimos los huevos en un bol.

Troceamos las nueces, las ponemos en un bol y reservamos.
Batimos la mantequilla con el azúcar con el accesorio pala, en la KitchenAid, primero a baja velocidad para que se integren los ingredientes y luego a velocidad alta durante unos tres minutos, hasta que la masa haya blanqueado y la mezcla esté esponjosa. Paramos de vez en cuando para repasar los bordes con una espátula de silicona.

Bajamos la velocidad al 2 y sin parar de batir agregamos los cuatro huevos batidos, de cuatro veces. No añadimos el siguiente hasta que veamos que el anterior se ha integrado completamente.

Agregamos la vainilla y batimos unos segundos.

Sin parar la máquina, empezamos a agregar la harina de tres veces y la mezcla de buttermilk y ron de dos veces, empezando y terminando por la harina. Una vez incorporado el último tercio de harina dejamos batir unos segundos, paramos un momento la máquina, repasamos los bordes con la espátula de silicona y volvemos a batir unos segundos. No batir en exceso, solo hasta que la harina esté integrada, es mejor terminar mezclando a mano.

Cogemos una cucharada de esta masa que acabamos de hacer y la añadimos al bol de las nueces. Removemos hasta que las nueces queden bien impregnadas. Es importante que todas las nueces estén cubiertas para evitar que se vayan al fondo del bizcocho.
Incorporamos las mezcla de las nueces a la masa y removemos con una espátula de silicona, suavemente, con movimientos envolventes, llegando bien al fondo del recipiente, hasta que las nueces estén repartidas de manera uniforme.

Vertemos la masa en el molde por un lateral, de manera que se vaya acomodando por toda la base. Hundimos la espátula de silicona por distintas partes para asegurarnos que la masa ha llegado bien a todos los rincones. Aplanamos la superficie con el dorso de una cuchara.

Ponemos un paño doblado sobre la encimera y damos unos golpes con el molde sobre el paño para que termine de salir el aire y la masa llegue a todos los rincones del molde.

Colocamos el molde sobre la rejilla del horno y horneamos durante unos 45-50 minutos o hasta que al introducir una brocheta o un cake tester salga limpio.

Sacamos el molde del horno y lo depositamos sobre una rejilla durante 10 minutos exactos. Pasado este tiempo, agarramos el molde con unos guantes y golpeamos la base del molde sobre el paño que tenemos doblado para que se suelte del fondo, giramos el molde, volvemos a dar pequeños golpes y repetimos. Con el molde en el aire, lo movemos de derecha a izquierda y de arriba a abajo, con movimientos cortos y suaves hasta que notemos que se ha desprendido el bizcocho. Hay veces que se suelta a la primera, pero si no es así, tengan paciencia, el bizcocho está tan tierno que se puede romper, así que despacio y con buena letra, repetimos la operación cuanto sea necesario.
Ponemos la rejilla sobre el molde y volteamos. Dejamos el bizcocho sobre la rejilla hasta que enfríe completamente.

Decorar con azúcar glass.

A tener en cuenta:
  • La mantequilla no debe ablandarse en el microondas. Tiene que estar a temperatura ambiente. Que ceda un poco al contacto del dedo, pero que no se hunda al punto de pomada.
  • Para conseguir un buen desmoldado, engrasar el molde con mantequilla derretida y harina o con un spray desmoldante que es más práctico. No usar margarina. Con un pincel de silicona repartimos la grasa por todo el molde en sentido ascendente.
  • Verter la masa por un lateral del molde y que ella sola se vaya acomodando por el interior. Si la masa fuera muy espesa que no permite hacer lo anterior, echar la masa en el molde y hundir una espátula de silicona por varios sitios para asegurarnos que la masa ha llegado a todos los rincones, después aplanar la superficie.
  • Antes de meter en el horno, dejar caer el molde sobre un paño doblado para asentar la masa y eliminar burbujas de aire.
  • Hornear el tiempo indicado. Si se hornea menos tiempo del necesario no se desmoldará con facilidad, mejor darle unos minutos de más que de menos.
  • Al sacarlo del horno hay que dejar enfriar el molde sobre una rejilla durante 10 minutos antes de desmoldar.
  • Después de cada uso, echar un poco de jabón al molde, llenar con agua medio caliente del grifo y dejar en reposo.
  • Fregar con abundante jabón por la parte suave de la esponja para no rallarlo. Repetir hasta que desaparezcan las gotas brillantes de grasa.
  • Enjuagar y secar muy bien, pasando el paño por cada hendidura. Repasar todos los recovecos con una servilleta para asegurarnos que no queda nada de grasa ni restos del bizcocho, de esta manera el molde quedará perfecto para el próximo uso.
Estaba deseando que se enfriara un poco para catarlo y qué bueno quedó, tiene un sabor increíble y es una delicia encontrarte los tropezones de las nueces en cada bocado y como les decía al principio, según pasan los días está aún mejor.

Después de lo que nos lo hemos currado nos merecemos un trozo de bizcocho, un café o te, sentarnos y estirar las piernas para disfrutarlo con tranquilidad y si además tenemos un buen libro a mano no se puede pedir más para estar en la gloria.

¡¡A disfrutarlo!!
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